lunes, 16 de diciembre de 2013

De lo que fuimos

Imaginaba que la montaña helada no podía ser mejor que ese fogoncito que yo guardaba en la casa. Es que a mí me gusta el verano. Pero vos aprendiste a ser a la distancia de todos. Vos te salvaste lejos. Y el invierno me ganó.
Ahora que cargo la primavera conmigo, ahora que estamos mansos, que a veces bajas del monte venís a visitarme con las manos llenas de pan, de queso, de membrillo. Y nos quedamos en silencio, compartiendo la dulzura con la que crecimos. Yo se que vos sos bueno. Vos sabes cómo es cuando canto.
 A veces cuando te vas y veo las migas en el mantel lloro como ahora. Lloro sin consuelo. Lloro hasta que me harto. Y después me quedo serena. Con el sol en la cara, orgullosa de haberte querido tanto.
¿Sabes que? Puse hace unos días el vestido blanco que nunca usé sobre el río. Lo vi alejarse, arrastrarse en las piedras, enredarse en las ramas, descocerse con la corriente, hasta que se lo tragó la tierra. Volví a la casa, prendí el fogón y esa noche nevaron copitos de algodón. Los niños dicen que eran de azúcar.  
Solamente dos valientes se quieren tanto.

Cantos del Viento

El viento no ha querido dejarme dormir. Siempre tiene planes diferentes para mí. No hay poder que yo pueda anteponer ante su voluntad. Viene a  llenarme el cuenco y se arremolina en mi dentro para despedazarme las mentiras. Me ha dejado purificada, como siempre. Lista para cantar sus cantos. Y yo me dejo soplar. No le opongo resistencia porque su voz es la mía de otro tiempo, de cuando estoy unificada. Desde la cumbre baja, como en el desierto el silencio se esparcía por pendientes invisibles hasta mi cama.
El viento y el desierto se aman.  No se interrumpen, no se confrontan, ni se mezclan. Se dejan ser. Se ensalzan. En la tierra roja de Don Juan yo conocí este romance. Que es como el romance de mis tristezas con mi calma.
El viejo dijo que somos una herida abierta. A su alrededor establecemos la personalidad, como barricada, y detrás siempre hay sangre, tejido roto, llaga. Dice él que la justicia de los hombres no alcanza, que no sirve para cicatrizar.  Que el destino es trágico, que de él no se escapa. Me gusta pensar que puedo hacerme canción, por encima de la carne lastimada sin mi consentimiento.La virginidad se pierde muchas veces. Eso aprendí, porque son tantos los hímenes de la conciencia.
Pero muchos hombres no entienden de estas cosas. Esos hombres mandan. Están al frente, hablando, hablando, dando batallas. Y van en una carrera estúpida sin escucharse. Algunas se van al frente también y se vuelven tan estúpidas como ellos. Piensan que si se sacan los hijos de las entrañas se hacen más libres, piensan que si se dejan de sentir se hacen más fuertes. Y no se dan cuenta que es así como el patriarcado les gana. Porque en el frente de batalla esos hombres son siempre los que mandan.
Como resistencia yo cocino con vehemencia, agito ideas, le saco los piojos al más chico suavecito, inspiro a los que me visitan,  doy la teta, escribo poemas, voy a tender las camas, enseño lo que se y respiro el manjar del aire. También me sé amiga de los hombres que saben recitar, que saben cantar, que construyen en vez de matar. Y soy feliz cuando en el atardecer recibo a ese  que gusta de mi mano, que me dice compañera, que quiere cuidar en vez de mandar.  
Acá avivamos  la vida como fogoncito. Para que  cuando vuelvan de la guerra se anoticien de que el amor sigue siendo la única verdad y que en las noches como estas las heridas se pueden hacer canción.

¿Hay alguien ahí?

Hoy me pregunte si es verdad que los demás están.¿Quiénes son? Van haciéndose otros mientras cambian mis ideas. Ellos pasan a mi alrededor como mosquitas de río y yo les invento historias.
Yo voy en sentido contrario.
Como toda la vida.
Solo a mí me escucho sentir, callar, decir,pensar.
Estoy sola.
Soy la única.

Vida de Pururú

Nunca he podido hacer planes largos. Eso de la jubilación no se me da.
No tengo listas que lean 1- el auto, 2- las cuotas de la casa de plan 3-con suerte la licitación, 4-ampliaciones, rejas y garage,5- el colegio de los chicos y la universidad.
Es que siempre me ha costado imaginarme mas allá de ahora.  A los quince pensaba que si era madre iba a dejar de ser yo, y cuando fui madre seguí siendo sin parar.
Tengo la cosquilla en la panza de que la vida esta a punto de explotar. Como hace el pururú. Repentinamente se volverá blanca, esponjosa, otra cosa. Y si no me vuelvo pururu que me muera muerta y que todos digan “esa era la que no pudo hacer de su vida un plan”.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Celebrar mi belleza

En vez de avergonzarme, hoy:
Celebro mi vida.
La sensualidad de la vida.
Mi sensibilidad.
Mi cuerpo.
Celebro.
Me amo