sábado, 30 de octubre de 2010

Primer Shaud de Toto

El asunto es La Confianza
El reto es El Miedo
El objetivo es La Divinidad

sábado, 16 de octubre de 2010

Ernes

mi mama me mi mama
mama
mimame mama
mama
Feliz día mamama!!

martes, 12 de octubre de 2010

El arbol vuelve a vivir



Hace dos años, cuando abrí este blog empecé a visitar de manera regular a Morandi. Iba a verlo, a abrazarlo y a dejarme llevar. No habían palabras, simplemente la clara sensación de ser devuelta al Hogar. A mi casa en las estrellas. Al útero mismo del que alguna vez partí... Abrazar a Morandi era suficiente para estar En Casa...

Una tarde mi amada amiga Maia me vino a visitar con su hijo. Y fuimos los tres a visitar a morandi. Yo subí a sus ramas... y como siempre viaje... Me trajo de vuelta una vecina que gritaba furiosa. "Ya te hemos visto antes y esto no es normal... No sos normal. No sos normal". Decía una y otra vez, mientras yo intentaba explicarle que no era mi intención ser normal. Que el árbol era mi amigo. Que se tranquilizara. Pero la mujer empezó a amenazarme con llamar a la policía y Nacho, empezó a asustarse. No valía la pena que el niño sufriera por una señora tan enojada con ella misma. Así que bajé de mi amado Morandi y nos fuimos.

A la semana me fuí a las montañas, necesitaba estar sola. El 2008 había sido un año muy intenso. Me perdí en una reserva natural de la Quebrada del Condorito. Cuando volví supe que tenía que pasar a verlo... Solo pasar... Y entonces ví que mi amigo Morandi había sido cortado a la mitad. La morera más vieja del barrio había sido literalmente asesinada. Mi presión empezó a bajar a pique... No podía siquiera llorar, no podía gritar, simplemente una negrura espesa me envolvió. La Culpa. La culpa.... Era mi culpa... Una vez más era mi culpa. Si yo hubiera sido un poco más normal... ¿Por qué no era más normal? ¿Por qué le habían hecho eso? ¿Quién podía querer matar a un ser tan maravilloso?

Al mes le conté a Javier de Morandi. El me dijo que tal vez si lo tocaba el árbol podía renacer... Javier me llevó en su auto hasta él... Era de noche. Me bajé, empecé a caminar hacia Morandi y sirenas policiales se encendieron... Era literalmente la policía. Javier tenía la boca por el piso, estaba movilizado, me dijo algo así como que yo era una bruja, que le daba miedo...Javier manejo la situación... Yo volví a subir al vehículo, mientras miraba a mi árbol mutilado con las luces azules y rojas iluminandolo, lloré por nosotros otra vez... ¿Tanto tanto era lo que juntos podíamos mover? ¿Tanto miedo podía darle a la gente una mujer expandiendo su conciencia en un árbol?

Quizás es la culpa la que me impidió hablar sobre el día en que mataron a morandi... Porque fuí yo, fuí yo la responsable de desatar la furia de esa señora... Fueron mis abrazos, fué descalzarme para subirme a las raíces, fué haberme subido a sus ramas teniendo 27 años de edad, fué haber comido de sus moras, fué el amor que profundamente Morandi y yo nos profesabamos.

Pero el tiempo de liberar la culpa ha llegado al fin. Yo probé del arbol del conocimiento. Llevé sus manchas como estandarte del honor de haber desterrado la mente y haberme expandido hacia el Todo. La manchas de moras no salen ( mi mamá fregando guardapolvos lo decía una y otra vez) La marca de haber sido Una con Todo lo que Es tampoco. Y el morado se me metió al alma para transmutar.

Morandi vive en mí. Hoy lo sé... Y en este pequeño espacio virtual él y yo seguimos por siempre abrazados regalando moras al que quiera servirse del AMOR de saberse hijo de las Estrellas.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Dijeron que no


Dijeron que no. El Jurado pensó que falta trabajo todavía por hacer, o pensó que los favores de los amigos se devuelven, o pensó que la historia no sirve para nada... No se que pensó. Casi me muero yo. Casi me muero. Un huracán se me desperto en el corazón y en el cuerpo. Pero estos días el viento vino a verme. Parece que todavía me quiere. Asi andamos . Sin rumbo. Y por eso a lo mejor es que no estamos perdidos. El viento y yo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

La Pulpera de Santa Lucía


Era rubia y sus ojos celestes
reflejaban la gloria del día
y cantaba como una calandria
la pulpera de Santa Lucía.

Era flor de la vieja parroquia.
¿Quién fue el gaucho que no la quería?
Los soldados de cuatro cuarteles
suspiraban en la pulpería.

Le cantó el payador mazorquero
con un dulce gemir de vihuelas
en la reja que olía a jazmines,
en el patio que olía a diamelas.

"Con el alma te quiero, pulpera,
y algún día tendrás que ser mía,
mientras llenan las noches del barrio
las guitarras de Santa Lucía".

La llevó un payador de Lavalle
cuando el año cuarenta moría;
ya no alumbran sus ojos celestes
la parroquia de Santa Lucía.

No volvieron los trompas de Rosas
a cantarle vidalas y cielos.
En la reja de la pulpería
los jazmines lloraban de celos.

Y volvió el payador mazorquero
a cantar en el patio vacío
la doliente y postrer serenata
que llevábase el viento del río:

¿Dónde estás con tus ojos celestes,
oh pulpera que no fuiste mía?"
¡Cómo lloran por ti las guitarras,
las guitarras de Santa Lucía!